La tensión política puede estimular la social

Publicado el: 26 de enero, 2016

Política Pública

El ambiente político en América Latina se respira tenso y crispado. La vuelta en la tendencia política en países como Argentina y Venezuela, en donde, después de casi dos décadas, partidos alineados a la derecha del espectro político han recuperado grandes espacios de poder, la presidencia en un caso y en otro la mayoría calificada en el parlamento, han traído consigo, en lugar de un escenario de paz y reivindicación y un entorno de normalización democrática, un viento de irreconciliación entre las élites políticas, pero que no están visualizando el riesgo de producir un efecto espejo de grandes dimensiones sociales.

El subcontinente transitó en las dos últimas décadas por graves momentos de encono y confrontación, resultado de la dinámica impuesta por el finiquito de dictaduras y autoritarismos que predominaron por más de tres décadas. De modo casi natural, el ambiente de liberación y el inicio de una época de competencia partidaria, con los últimos resabios del conservadurismo, se caracterizó por la explosividad de la retórica y la movilización, particularmente por el temor de que una conducta institucionalizada, que animara la desmovilización, pudiera conducir a la vuelta de los regímenes cerrados.

Aunque por la vía electoral, los gobiernos de Venezuela y de Argentina, como ha sido también en otros casos, cuyo epílogo está por verse, se entronizaron por muchos años en el poder, con artimañas legales y políticas, aun preservando cierto nivel de legitimidad. No obstante, enrarecieron el clima político y fomentaron una creciente tensión, que se empieza a desahogar de la manara mas indeseable, para la normalidad democrática que se desearía en la región. Una normalidad centrada en la competencia, en la alternancia y en agendas de gobierno concertadas y enfocadas al desarrollo socioeconómico.

En Venezuela ya se habla de un referéndum revocatorio y en Argentina, el presidente electo pidió medidas precautorias para impedir la presencia de la presidenta saliente en la transmisión de poderes.

Esto trae a la memoria el clima generado en México con la imposibilidad de acceder al recinto legislativo de Vicente Fox en su quinto informe o la forma de asunción del poder de Felipe Calderón o el hecho de que Enrique Peña como presidente no ha ido a dicho cuerpo colegiado. Pero en ambas transiciones ha estado presente el presidente saliente y, con altas y bajas, altas como el Pacto por México, el diálogo entre las fuerzas políticas, incluido Morena, se da en los marcos institucionales.

El riesgo país es el de la creciente tensión social y económica que inducen la confrontación y el revanchismo, que al nivel colectivo pueden ser incontrolable, porque al final de cuentas los lideres siempre encontrarán la forma de negociar. Pero, sin duda, lo que en estos momentos dichas naciones, no sus lideres, necesitan no es más encono.

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