Estrategia Nacional de Producción y Consumo Sustentable

Publicado el: 15 de junio, 2016

Política Pública

Hace casi 30 años en su informe, la Comisión de Naciones Unidas para el Desarrollo que en 1987 propuso el modelo de desarrollo sustentable reconoce que el modelo de desarrollo seguido hasta esa fecha no podía ser sostenido. De la misma manera, la misma Comisión hace notar, sí bien el crecimiento económico es un prerrequisito para el desarrollo sustentable, el mismo sólo es legítimo “si obedece a las necesidades humanas inmediatas y de largo plazo” y produce un cambio en el contenido del crecimiento para hacerlo menos dependiente de materiales y energía y más equitativo en sus impactos (1987). También señala, la protección ambiental y el desarrollo económico pueden ser compatibles pero para ello se requieren cambios radicales en las prácticas económicas.

En razón de lo señalado a nivel global se han llevado a cabo varias cumbres mundiales sobre el tema y el surgimiento de una variedad de acuerdos internacionales, regionales y locales; y asimismo, de distintas políticas, estrategias y proyectos elaborados y presumiblemente instrumentados. No obstante la evidencia indica que no se ha hecho lo suficiente, la situación imperante tanto en el rubro ambiental como en el social no ha mejorado sustancialmente. El calentamiento global es un fenómeno vigente al igual que la contaminación del suelo, agua y atmósfera y en general la problemática ambiental sigue siendo preocupante.

Respecto del rubro social, la pobreza sigue prevaleciendo sobre grandes segmentos de población y la desigualdad tampoco se ha reducido. La problemática ambiental afecta de manera decisiva a los más pobres. La pérdida de suelo productivo debido a la desertificación y la sequía, en los próximos 25 años pueden reducir hasta en un 12 % la producción mundial de alimentos y provocar un aumento de precios de hasta el 30 % (Gnacadja, 2011), esta circunstancia puede explicar el hambre actual en el cuerno de África que afecta más de 10 millones de personas que luchan tan solo por sobrevivir (Sachs, 2011).

En el ámbito nacional y atendiendo esta iniciativa global desde junio de 1999 la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, establece en su artículo 4º que toda persona tiene derecho a un medio ambiente adecuado para su desarrollo y bienestar y en su artículo 25° que corresponde al Estado la rectoría del desarrollo nacional para garantizar que éste sea integral y sustentable. Y que mediante el fomento del crecimiento económico y el empleo y una más justa distribución del ingreso y la riqueza, permita el pleno ejercicio de la libertad y dignidad de los individuos, grupos y clases sociales, cuya seguridad también se establece, protege la misma Constitución. En el ámbito local, en concordancia con lo ya señalado, la Constitución del estado de Baja California en su artículo 7º desde fines de 1999 también garantiza a sus habitantes el derecho a gozar de un medio ambiente adecuado para su desarrollo y bienestar.

No obstante, sí ambientalmente a nivel global la humanidad necesita el equivalente de 1.5 planetas cada año para sustentar su desarrollo. A nivel nacional con las cerca de 2.5 hectáreas globales biológicamente productivas utilizadas per cápita y con base a las 1.2 hectáreas globales biológicamente productivas disponibles, también per cápita, necesitaríamos incrementar en más del doble la superficie biológicamente productiva nacional (Global Footprint Network, 2012). Respecto de la desigualdad social, con el 45.5 % de la población mexicana en situación de pobreza en 2012 (Coneval, 2013) y un índice de GINI de 48.1 (Banco Mundial, 2015) la situación no es diferente. Además de incumplirse los tres compromisos del referido Desarrollo Sustentable, se contravienen también preceptos constitucionales.

En razón de lo señalado, se entiende el gobierno federal en México plantea modificar en el país los enfoques tanto de producción como de consumo tratando de volverlos sustentables.

La iniciativa también se sustenta en  el reconocimiento que los hábitos de consumo de nuestra sociedad actual no son sustentables. Que se caracterizan por la explotación de derechos sociales y humanos,  y que son sinónimo de desigualdad y pobreza y causa de bajo índice de bienestar y de satisfacción personal. De la misma manera, se observa que estos hábitos “están caracterizados por un consumo desmedido de bienes y servicios, el cual se realiza sin tomar en cuenta si existe una necesidad real para ello, la durabilidad y origen de los productos, los recursos utilizados para su fabricación y tampoco sus impactos, tanto en el ambiente como en la sociedad, al terminar su vida útil” (Semarnat, 2013: 15).

En conclusión  se identifica que el modelo económico no es sustentable. Que el presente consumismo es promovido desde las entrañas del sistema económico, por los patrones de producción y consumo que capitanean las economías contemporáneas. Se ha desincentivado la demanda, diseño y fabricación de productos duraderos tanto como el interés de los productores y consumidores por conocer los impactos sociales, económicos y ambientales relacionados con sus decisiones de producción, compra y consumo (Semarnat, 2013), o los mismos han sido ocultados, minimizados o rechazados.

Por todo lo señalado, además de los impactos sociales y económicos, incluyendo la grave desigualdad social, la migración y problemática concentración poblacional en centros urbanos; la cual ha propiciado la ineficiencia de los servicios y el deficiente desarrollo de oportunidades para el desarrollo humano, se entiende, es que se plantea la Estrategia Nacional de Producción y Consumo Sustentable, con la intención de modificar los patrones de producción y consumo transitando hacia aquellos que aseguren el desarrollo sustentable: “que ésta y las generaciones futuras cuenten con los recursos suficientes para satisfacer sus necesidades básicas, manteniéndolos dentro de las capacidades ecológicas y ambientales propias del planeta, y al mismo tiempo, buscando mejorar la calidad de vida y el desarrollo como seres humanos” (Semarnat, 2013: 15).

El análisis para la elaboración e implementación de la Estrategia Nacional de Producción y Consumo Sustentable determina que todos los sectores económicos tienen responsabilidad en la problemática ya reseñada, la cual podría describirse como la explotación y uso irracional de recursos, la emisión de contaminantes, generación de residuos y específicamente en el desarrollo de patrones no sustentables de producción y consumo. No obstante, de acuerdo a la estrategia cada uno de ellos sí hace esfuerzos para inducir el  establecimiento de patrones sustentables en la producción y en el consumo (Semarnat, 2013).

Sin embargo, con el propósito de impulsar de forma más inmediata y eficiente la adopción de prácticas sustentables por parte no solo de todos los sectores productivos si no de la sociedad en general, dentro de la referida estrategia nacional, se identificaron los sectores que debido a su vinculación directa con otros y en general con las diversas cadenas productivas, pudieran detonar iniciativas colectivas, tanto hacia su interior como hacia otros sectores, propiciando una rápida adopción de estilos de vida sustentables por parte de los consumidores o usuarios (Semarnat, 2013). Estos sectores catalogados como detonantes resultaron ser los de Turismo Sustentable y el de Edificación y Viviendas Sustentables.

Se señaló, estos sectores detonantes de acuerdo a sus condiciones de desarrollo y a su importancia en la economía nacional, la vinculación de diversos sectores dentro de sus cadenas productivas, procesos, materiales, servicios y productos pueden impulsar de forma más rápida y eficiente la adopción de prácticas sustentables en sus procesos productivos y en el consumo de bienes y servicios ligados a ellos (Semarnat, 2013). También se observó al ser actividades, productos y servicios requeridos por la población, la sociedad podrá identificar, observar y valorar iniciativas sustentables por parte de estos sectores, transmitiéndolas de forma directa o a través de acciones de información y concientización, lo cual permitirá  al consumidor integrar y difundir estas prácticas en sus hábitos diarios de consumo de manera inmediata y continua al resto de la sociedad (Semarnat, 2013).

 

Bibliografía:

Banco Mundial. (2015). 2015 people. 2.9 World Development Indicators: Distribution of income or consumption.  http://wdi.worldbank.org/table/2.9.

Coneval. (2013). Medición de la pobreza en México y en las entidades federativas 2012. Resumen ejecutivo 1ra parte. http://www.coneval.gob.mx/Informes/Coordinacion/Pobreza_2012/RESUMEN_EJECUTIVO_MEDICION_POBREZA_2012_Parte1.pdf.

Global Footprint Network. (2012). A Global Footprint Network Report. National Footprint Accounts. http://www.footprintnetwork.org.

Gnacadja, L. (2011). “Reflexiones”. Nuestro planeta. La revista del Programa de naciones Unidas para el Medio Ambiente. Patrimonio mundial. El Planeta que compartimos. Septiembre de 2011.

Sachs, J. (2011). Patrimonio mundial. El Planeta que compartimos. En la Primera Línea. Nuestro planeta. La revista del Programa de naciones Unidas para el Medio Ambiente. Septiembre de 2011.

Semarnat. (2013). Estrategia nacional de producción y consumo sustentable.

Autor: José García Gómez

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